(Mt 5, 13-16) Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. En buena teología, cada persona posee algo propio que aportar. Todos somos coprotagonistas de la historia de salvación. Todos escribimos una palabra en el texto de la vida deseada por Dios. Todos contribuimos con aquello que no es reemplazable por nada. La fe es vereda que revela eso que debemos dar. No es uniforme, sino múltiple; no es accidental, sino continuo. Se trata de una aportación que corresponde a nuestra vocación. El Evangelio se convierte así, primero, en un proceso hacia dentro, por el que descubrimos nuestro «para qué»; y, después, en un proceso hacia fuera, por el que vivificamos el mundo con «sal» y «luz». Pero las nuestras: las que ha puesto Dios en nuestras manos para el bien de todos. Somos sal y luz en la medida en que nuestro mundo está cada vez más cerca del Reino de Dios. Ni sal sosa, ni luz tenebrosa: seamos Sal que sala y Luz que brilla. Candelero de...
Descargar Evangelio en mp3 UN ENSEÑAR NUEVO José Antonio Pagola Marcos 1, 21 - 28 1 de febrero de 2009 4 Tiempo Ordinario (B) El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la «sinagoga», el lugar donde se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en «sábado», el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza por vez primera a «enseñar». Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús «no enseña como los escribas, sino con autoridad». Los letrados enseñan en nombre de la institución. Se atienen a las tradiciones. Citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado. Su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la Ley. La autoridad de J...
(Jn 14, 27-31a) La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. En su visión sobre la última cena, a Juan le importa mucho recoger cómo Jesús habla de su futura ausencia: vendrá con una muerte inminente, todavía negada por sus discípulos. Su Maestro sabe que se encuentran ante un desafio nuevo en su seguimiento. Les pide que no se instalen en el miedo como único reducto para superar su desaparición. Les ofrece paz, presencia y alegría. La batalla del Evangelio pasa por un trance mortal, pero no terminante. El «Príncipe del mundo» dictaminará la cruz y citará al Hijo de Dios en el Gólgota. Pero para cuando eso suceda, Jesús anima a sus discípulos a seguir «creyendo». Es en la fe como la ausencia, en realidad, se hará presencia: esa presencia con sabor a una «paz» distinta, donde toda muerte finalmente muere y nace la vida. No es una paz de quietud, paz de cementerio, sino una paz de eterna Vida. Es una paz que vence en medio de la turbación, porque es la e...
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