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¿A quién compararé esta generación?

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(Mt 11, 16-19) No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre.  La verdad precisa de un requisito: la voluntad para ser acogida. Caso de que esa voluntad no exista, se terminará por negar hasta lo evidente. La experiencia dice que quien pilota nuestra inteligencia es el corazón, que subyace en ella. La mente razonará con acierto si el alma está sedienta de encuentro con lo auténtico. Otro tanto sucede en la vida espiritual. Discernir es imposible cuando no se pretende llegar a ningún lado .Querer es poder De eso se lamenta Jesús, de la atonía del deseo de búsqueda en quienes fueron sus opositores. En el fondo, esa atonía delataba que habían colocado a Dios en algún sitio, pero ciertamente no delante de ellos, desde donde Dios mismo los pudiese llamar a un nuevo encuentro. Tal deseo de encuentro sería el suyo, pero no ciertamente el de ellos.

Juan el Bautista

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(Mt 11, 11-15) No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista.  Jesús recriminó a quienes se le encararon que sufrían un problema serio para reconocer lo verdaderamente significativo de lo que no lo era. Asíle había sucedido a Israel. El historial de sus rechazos a ocasiones de oro para crecer en Dios era muy largo. Ni siquiera Juan el Bautista estaba teniendo suerte con sus contemporáneos. Y la eterna pregunta retornaba con su caso: ¿Qué falta para distinguir lo definitivo? Jesús da la pista al indicar que Juan era «el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo..». La bondad  se caracteriza por su delicadeza para no imponerse. Nunca argumentará con el miedo. Solo es diáfana para quien es libre, porque es en la libertad, no en la falta de ella, donde Dios prefiere revelarse.

El yugo llevadero

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(Mt 11, 28-30) Venid a mí todos los que estáis cansados.  En el mercado de las ofertas seudorreligiosas que hoy existe, el bienestar es uno de los productos estrella. Lo divino queda asimilado a un estado placentero y aproblemático, ideal para quienes habitan ritmos estrexsantes de vida como son los de nuestras sociedades actuales.: pero bajo los adoquines no hay arena de playa (Ismael Serrano). Jesus tampoco renuncia a prometer descanso. Su Evangelio conduce a una pacificación personal y colectiva, mucho mas sencilla y asequible que la que sentían tantos «cansados y agobiados» ante el legalismo asfixiante de los fariseos. Sin embargo, el Maestro no niega que su ofrecimiento de descanso incluye también un lado duro e ineludible. El «yugo» de confrontarnos con lo que resiste al amor no se deja a un lado. Ha de seguirse cargando por muy llevadero y ligero que sea. Con eso sucede lo previsible: los proveedores de espiritualidades tranquilizadoras han quitado de su escaparate al Evange...

Ovdjas perdidas

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  . (Mt 18, 12-14) Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.  Nuestra sociedad está subyugada por los criterios de maximilización del beneficio y se desinteresa de las «ovejas perdidas», No son nada productivas y su cuidado necesita compromisos personales e institucionales de enorme coste. Esta sociedad es un buen proyecto para el mal, como dice Victor Manuel, . Una vez más, la parábola pone en evidencia el estilo de Jesús de ver las cosas. Acostumbra a detectar necesidades puntuales, no genéricas, y a responder a ellas con toda intensidad. Su vida pública está cuajada de aten- ciones particulares y gestos concretos. Quiere regirse por lo cualitativo, no por lo cuantitativo. Se ratifica así, de nuevo, que DioS piensa con otros esquemas que los nuestros. Tam- bién con otro corazón: el que le prohíbe dejar pasar de largo cualquier atisbo de tristeza, esa que explica que no pocas Ovejas se pierdan.

Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"

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  ..(Lc 13,22-30: El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no llo conseguiran? El Reino es ámbito de paradojas. Da un vuelco al mundo que conocemos y lo ordena de otra manera. Por eso, el Evangelio no es evidente por sí mismo. Que los últimos sean los primeros no es plausible de entrada. Fue lo que se comprobó en aquel entierro sonado de un párroco memorable. No sorprendió el gentío que se concentró par llorarlo, sino quienes se apiñaban al fondo de la iglesia, torpes en sus gestos litúrgicos y mudos en los rezos. Eran vecinos de un barrio marginal próximo a la parroquia, pero que  no pertenecía a ella. El párroco había ayudado a muchos de ellos... Aquellos últimos habían sido sus primeros.

Las paráholas del Reino de Dios

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  (Lc 13,18t-21).  ¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Todo hace suponer que Jesús quedó impactado por cuanto fue su etapa nazarena.  cómo era el reloj de Dios para su historia de salvación. El grano de mostaza y la levadura no son imágenes ocurrentes sobre la dinámica del Reino. Jesús tuvo que concluir, así lo vio en el pan. Esa Nazaret está enla manera de actuar Dios. Se asemeja a cómo crece una semilla diminuta y cómo se fermenta el proceso ayuda a aceptar por que no vamos a entender a Dios en todo momento: no podemos poner límites a su providencia. También ayuda a aceptar por qué no nos vamos a entender a nosotros mismos en todo momento: nos hallamos en conversión continua. El mundo está abierto y a él nos abrimos, como la mostaza cuando crece y la levadura cuando fermenta.

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.

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(Lc 6,12-19.) Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles.  Con la elección de los Doce, Jesús establece conEllos una especial pertenencia mutua los acredita comprometiéndolos con el Evangelio y la propagación del Reino, pero ligándolos a Él. Sus «nombres», tan destacados,, reconocidos en los  de la primera comunidad cristiana, están muy lejos de equivaler a dignidades y honores. Los Doce son enviados (apóstoles) para predicar con una vida que sustente su misión. Esa vida ha de reproducir la de Jesús. Cuanto hagan a partir de ahora formará parte de ese mosaico polifacético que son los ministerios que brotan del Evangelio. En suma, ser «apóstoles» es, como Jesús,<  bajar del monte»>, para inmediatamente detenerse, también como Jesús, en <«el llano», donde tantos quieren conocer esa <fuerza», la del Señor, que genera vida y doblega la muerte.