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21 de enero de 2024. 3º Domingo Ordinario. Ciclo B. ¡Si! ¡La cosa empezó en Galilea!.

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Un encuentro que determina la vida. Las personas recordamos aquellos acontecimientos que han marcado nuestra historia. También los discípulos de Jesús lo hacían. Los evangelios dedican tiempo a recordar cómo fue la llamada del Maestro a los suyos. Nosotros hemos recibido esa misma llamada. Es el Señor quien ha salido a nuestro encuentro y nos ha dicho «¡ven conmigo! ¡Cuento contigo!». Nosotros queremos responderle para ser pescadores de hombres, trabajadores de su campo y parte de su familia. ¡Somos muy afortunados de sentir esa vocación y querer responder!  Una llamada constante a la conversión. Escuchar al Señor es descubrir su presencia con nosotros y abrirnos a su voluntad. Él nos habla hoy en su Palabra, en los sacramentos, en la oración y en la conciencia. También nos habla en el prójimo y en los que sufren, en los acontecimientos cercanos y lejanos. Él nos invita a reconocer y acoger su voluntad en las situaciones de la vida y en la comunidad cristiana. Se trata, en definiti...

14 de enero de 2024. 2º Domingo Ordinario. Ciclo B.

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     «Venid y lo veréis».   Si analizamos en profundidad las lecturas, nos daremos cuenta de que de lo que están hablando las tres es de la importancia de escuchar la Palabra de Dios en nuestras vidas. El libro de Samuel recoge el relato de la vocación de un joven que aún no está familiarizado con la voz de Dios, y es el anciano Elí el que tiene que enseñarle. Pero él, acabará respondiendo con humildad y disponibilidad: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Se trata, por otro lado, de una experiencia personal, que lleva a una transformación y descubrimiento mutuos y progresivos. Lo mismo que ocurre en el relato del evangelio de Juan. Ambos tienen en común que son relatos de vocación.    En todos ellos se presentan tres etapas o tres niveles. Primero tenemos el marco del relato de la vocación, el servicio en el templo, el seguimiento de Juan… Luego, el encuentro con la trascendencia, la voz de Dios en Samuel y el encuentro personal con Jesús, en el evangeli...

Epifanía del Señor.

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El regalo que yo quiero... Yo no deseo un regalo que se compre con dinero. He de pedir a los Reyes algo que aquí no tengo: Pido dones de alegría y la canción del jilguero, y la flor de la esperanza y una fe que venza el miedo. Pido un corazón muy grande para amar al mundo entero. Yo pido a los Reyes Magos las cosas que hay en et cielo: un vestido de ternura, una cascada de besos, la hermosura de los ángeles, sus villancicos y versoS y una sonrisa del Niño, el regalo que yo quiero. (Gloria Fuertes). 

Santa María, Madre de Dios.

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  Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.   Hay personas que saben ver más allá de lo que tienen delante. Tienen la vista aguzada y descubren cosas que otros no vemos. Algo así les pasó a los pastores. El ángel que les había orientado a acercarse al pesebre les había ayudado también a ver más allá de las apariencias. Porque las apariencias eran lo que eran: una pareja de pobres refugiados en un pesebre-cueva donde ella acababa de dar a luz un niño en un lugar maloliente como lo son esos lugares (esto del olor se nos olvida ponerlo en los hermosos belenes que hacemos en nuestras casas pero es elemento fundamental del nacimiento de Jesús). Los pastores vieron más allá de las apariencias y dieron gloria y alabanza a Dios. Ellos vieron que en aquel niño estaba presente la esperanza de Israel y de toda la humanidad. Sintieron que estaban ante el amanecer de un mundo nuevo. Por eso su alegría profunda, su gozo y su acción de gracias. María, dice también el ...

Encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre.

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  Es Navidad : el día en que recordamos que Dios se hizo como nosotros y compartió nuestro destino desde nuestro primer aliento. Por mucho barullo feo que notemos alrededor nuestro, a partir de hoy podemos empezar otra vez con el rostro de Dios a nuestro lado. La Palabra se encarna hoy en un niño entrañable, que crecerá para enseñarnos una forma de vida que, enraizada en lo cotidiano, con conflictos y felicidades, se empeñará  en anunciar un modo de vida nuevo. El Reino de Dios. Un Reino que empieza desde abajo, desde un recién nacido en un pesebre. En ese Jesús hemos de encontrar el rostro de Dios, ese que nadie ha visto nunca. El que acampó entre nosotros y no quisimos ver. La Luz que no acogemos.  Juan gritaba en el desierto palabras de luz. Preparad sus caminos, alumbrad sus veredas. Abriros y conocedle. Dejaros alumbrar por dentro como por fuera. El que se abre a Luz y la conoce, ilumina su interior. Es capaz de enfrentarse a sus temores, a sus oscuridades. Jesús nac...

«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»

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(LUCAS 1, 26-38) Tal vez este fragmento del evangelio de hoy sea un buen motivo para repasar el mensaje del papa Francisco en la Exortación Evangelii Gaudium, nos encontramos con este “alégrate”. Que se sitúa como un ejemplo de esa alegría que debe ser el Evangelio para que llene nuestros corazones (EG 5). Deberíamos releer ese número en el que el papa nos pone a María como ejemplo de esa alegría. María constituye un ejemplo de la alegría que solo puede nacer de la confianza y la esperanza que nos trae la Buena Noticia. Ella se convierte en un auténtico Ángel, al ser la portadora de esa Buena Noticia para el mundo, para el ser humano, para todas las criaturas. Una mujer convertida en altar, en sagrario para nosotros. ¿Es en mi vida el Evangelio, su anuncio, motivo de alegría? ¿María es un ejemplo a seguir en mi vida en este aspecto de mujer/ madre? ¿Tengo entrañas de madre para con los que me rodean? Si estamos “en su presencia, todos nuestros días”, Jesús nos librará de todos los mied...

Jesús, el dulce, viene…

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Jesús, el dulce, viene… Las noches huelen a romero… ¡Oh, qué pureza tiene la luna en el sendero! Palacios, catedrales, tienden la luz de sus cristales insomnes en la sombra dura y fría… Mas la celeste melodía suena fuera… Celeste primavera que la nieve, al pasar, blanda, deshace, y deja atrás eterna calma… ¡Señor del cielo, nace esta vez en mi alma!    (Juan Ramón Jiménez)