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Si la esperanza me falta, ¿En qué me habré convertido?

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  Si la esperanza me falta, ¿En que med habré convertido? El alba despierta en el horizonte.  Cuando ia duda parece eterna,  caminamos juntos y nada nos desalienta.  Hombro con hombro,  mano con mano, artesanos de la unidad.  La esperanza, llama sincera, renueva el alma, serena y tierna. Es un susurro en la tormenta, Bálsamo en tiempos difíciles.  una promesa de amanecer en la oscura noche, como soñar despierto  ante la monótona desidia  y el fulgor amargo de la realidad.  A cada paso, nos apremia, nos da fuerzas para renacer. Si la esperanza me falta, ¿En qué me habré convertido? Así en la mente llevamos la luz que nunca se apaga. Jamás seremos sombra y ceniza.  Somos surcos de esperanza sembrados de vida y alegría.  Con esperanza caminamos, y en el corazón siempre  la albergamos, cual semilla escondida  presta a germinar,  cual habitante de la caja de Pandora,  decidida a ser futuro,  dispuesta a sali...

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

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  SAN JUAN 1, 1-18 Juan contempla en Jesús una paradoja que lo cruza de principio a fin: a El, que es la Palabra, resulta que se le intentará acallar hasta enmudecerlo: «La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió». La conclusión es muy descorazonadora: algo sucede en nosotros que termina repe- liendo la vida auténtica. La problematizamos, la es pesamos y la rechazamos. Dios, al revelarse, revela también ese lado opaco nuestro, que nos traba en el desencuentro con El. Sin embargo, en este día de Navidad celebramos que Belén rompe los pronósticos de que ese desencuentro se perpetua- ría. Quien nos ha nacido es la «luz verdadera», aquella «que alumbra a todo hombre». Y lo que queda fuera de su haz de claridad podemos estar ciertos de que no conduce a nada. Jesús lo formulará muchos años después de su nacimiento. Cuando ya está a las puertas de su Pasión, es decir, cuando el desencuentro entre Dios y la humanidad podía estar lle- gando a un punto irreversible de ruptura ...

Isabel y María.

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  (Lc 1, 39-45) ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?     La alegría que comparten Isabel y María a propósito de este encuentro no queda constreñida al saber que han concebido. La concepción de sus hijos se ha producido en circunstancias que solo pueden explicar con la etiqueta de lo excepcional. Su maternidad, una tardia y otra inesperada, no ha seguido el curso habitual y consabido. Pero Isabel y María son conscientes de que aquellas naternidades inusuales construyen un mensaje que aün se mantiene en secreto. pero que muy pronto dejará de serlo. Saben que, en sus hijos, Dios explicitará su voluntad de salvación para la humanidad. Y como no lo había hecho antes. Las futuras madres están felices, porque algo definitivamente bueno para todos tendrá lugar. Su maternidad viene a proclamar que Dios interviene y que sus hijos, en niveles muy distintos, concretarán ese paso decisivo de Dios hacia nosotros. Todo es ya muy inmi- nente. El tiempo de espera se...

Juan y Jesús

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(Lc 1, 5-25) Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista.. Juan el Bautista y Jesús componen un precioso díptico, en el que ambos vivirán complementariamente el rumbo inédito que asumía el tiempo. A uno le toca prologar el nacimiento de lo distinto, y a otro, darle plena maduración. En esa partitura, Juan el Bautista actúa de preludio para la acogida de Jesús. No sobra tal preámbulo. Se asemeja a tantos tiempos que hemos de consumir antes de que fructifique la misión en la que estamos empeñados. Son tramos silenciosos de roturación de suelos y de siembra paciente de semilla. Hay que hacerlos, aunque sin avistar aún nada que Consuele. Cuánto ayuda saber que, en esos sueños aún borrosos y primeros pasos sin efectos claros, está ya emergiendo la esperanza. Así lo supo Jesús de Juan el Bautista.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David.

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(Mt 1, 1-17) Genealogía de Jesucristo, hijo de David.  En la tradición cristiana siempre se asocia el Espíritu Santo a una creatividad fuera de los moldes corrientes. Rasga esquemas mentales, traza líneas inéditas por espacios y tiempos imposibles, desconcierta en su forma de reconsiderar lo que ya se daba por hecho que era inamovible. Con el Espíritu, las biografías humanas mas y comunitarias hacen viajes no planeados y se despliegan con ritmos imprevistos. El Espíritu trastorna, plantea soluciones nunca pensadas, pone luz donde jamás nos hubiéramos imaginado que podría haberla. Vuelve a recomponer la historia con trozos de nuestras vidas que creíamos sueltos y aparentemnente discontinuos, escribiendo así un nuevo relato. De todo eso saben mucho quienes aparecen en la larga genealogía de Jesús, un bue ejemplo de creatividad de Dios para llevar al mundo hasta Belén.

El bautismo de Juan ¿de dónde venía?

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(Mt 21, 23-27] «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado   Es interesante comprobar, en esta enésimna discusión formal de Jesús con los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, cómno se reproduce la estratagema malévola de los intereses frente a la búsqueda honesta de la verdad. Fijémonos en que, al final, nos quedamos sin saber qué significado tuvo Juan el Bautista para las autoridades judías. Lo que a ellas les mueve es un simple juego de táctica política, donde Juan el Bautista actúa como una ficha a mover en una compleja partida de ajedrez. Eso que llamamos mundo real funciona así: según intereses que se unen o se separan para responder al momento y de acuerdo con un cálculo de venta- jas o desventajas. Pero la verdad queda despreciada, porque se cree que no la hay. Entonces, claro, se entiende por qué es inútil aclarar «con qué autoridad hago esto».

Juan anunciaba al pueblo el Evangelio

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(Lc 3, 10-18) Y nosotros, ¿qué debemos hacer? El Adviento continúa inspirándose a través de  los impulsos de Juan el Bautista. Su proclama es que lo nuevo no vendrá como si fuera un acontecimiento externo a nosotros, fruto de un arte de magia. Tampoco llegará como una solucion prefabricada de un áesianismo fácil, un mesianismo instantáneo tipo TikTok . Ciertamente ha de venir un Mesías, pero su venida conecta de antemano con nuestra disposición de acogida. Juan el Bautista es en el que la conversion es eł gesto congruente para con quien quiere habitar entre nosotros. Sería la preparación adecuada para que pueda producirse en plenitud un encuentro definitivo Con quien viene. Juan quiere convencer de que esa preparación es asequible a cualquiera. Pide que rehuyamos de la idea de que lo nuevo que va a acontecer exija personas que, por excepcionales, son inexistentes. La «gente», unos «publicanos» y hasta varios «militares» le preguntan por el modo de realización de ese cambio. El Baut...

¿A quién compararé esta generación?

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(Mt 11, 16-19) No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre.  La verdad precisa de un requisito: la voluntad para ser acogida. Caso de que esa voluntad no exista, se terminará por negar hasta lo evidente. La experiencia dice que quien pilota nuestra inteligencia es el corazón, que subyace en ella. La mente razonará con acierto si el alma está sedienta de encuentro con lo auténtico. Otro tanto sucede en la vida espiritual. Discernir es imposible cuando no se pretende llegar a ningún lado .Querer es poder De eso se lamenta Jesús, de la atonía del deseo de búsqueda en quienes fueron sus opositores. En el fondo, esa atonía delataba que habían colocado a Dios en algún sitio, pero ciertamente no delante de ellos, desde donde Dios mismo los pudiese llamar a un nuevo encuentro. Tal deseo de encuentro sería el suyo, pero no ciertamente el de ellos.

Juan el Bautista

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(Mt 11, 11-15) No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista.  Jesús recriminó a quienes se le encararon que sufrían un problema serio para reconocer lo verdaderamente significativo de lo que no lo era. Asíle había sucedido a Israel. El historial de sus rechazos a ocasiones de oro para crecer en Dios era muy largo. Ni siquiera Juan el Bautista estaba teniendo suerte con sus contemporáneos. Y la eterna pregunta retornaba con su caso: ¿Qué falta para distinguir lo definitivo? Jesús da la pista al indicar que Juan era «el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo..». La bondad  se caracteriza por su delicadeza para no imponerse. Nunca argumentará con el miedo. Solo es diáfana para quien es libre, porque es en la libertad, no en la falta de ella, donde Dios prefiere revelarse.

El yugo llevadero

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(Mt 11, 28-30) Venid a mí todos los que estáis cansados.  En el mercado de las ofertas seudorreligiosas que hoy existe, el bienestar es uno de los productos estrella. Lo divino queda asimilado a un estado placentero y aproblemático, ideal para quienes habitan ritmos estrexsantes de vida como son los de nuestras sociedades actuales.: pero bajo los adoquines no hay arena de playa (Ismael Serrano). Jesus tampoco renuncia a prometer descanso. Su Evangelio conduce a una pacificación personal y colectiva, mucho mas sencilla y asequible que la que sentían tantos «cansados y agobiados» ante el legalismo asfixiante de los fariseos. Sin embargo, el Maestro no niega que su ofrecimiento de descanso incluye también un lado duro e ineludible. El «yugo» de confrontarnos con lo que resiste al amor no se deja a un lado. Ha de seguirse cargando por muy llevadero y ligero que sea. Con eso sucede lo previsible: los proveedores de espiritualidades tranquilizadoras han quitado de su escaparate al Evange...

Ovdjas perdidas

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  . (Mt 18, 12-14) Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.  Nuestra sociedad está subyugada por los criterios de maximilización del beneficio y se desinteresa de las «ovejas perdidas», No son nada productivas y su cuidado necesita compromisos personales e institucionales de enorme coste. Esta sociedad es un buen proyecto para el mal, como dice Victor Manuel, . Una vez más, la parábola pone en evidencia el estilo de Jesús de ver las cosas. Acostumbra a detectar necesidades puntuales, no genéricas, y a responder a ellas con toda intensidad. Su vida pública está cuajada de aten- ciones particulares y gestos concretos. Quiere regirse por lo cualitativo, no por lo cuantitativo. Se ratifica así, de nuevo, que DioS piensa con otros esquemas que los nuestros. Tam- bién con otro corazón: el que le prohíbe dejar pasar de largo cualquier atisbo de tristeza, esa que explica que no pocas Ovejas se pierdan.

Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"

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  ..(Lc 13,22-30: El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no llo conseguiran? El Reino es ámbito de paradojas. Da un vuelco al mundo que conocemos y lo ordena de otra manera. Por eso, el Evangelio no es evidente por sí mismo. Que los últimos sean los primeros no es plausible de entrada. Fue lo que se comprobó en aquel entierro sonado de un párroco memorable. No sorprendió el gentío que se concentró par llorarlo, sino quienes se apiñaban al fondo de la iglesia, torpes en sus gestos litúrgicos y mudos en los rezos. Eran vecinos de un barrio marginal próximo a la parroquia, pero que  no pertenecía a ella. El párroco había ayudado a muchos de ellos... Aquellos últimos habían sido sus primeros.

Las paráholas del Reino de Dios

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  (Lc 13,18t-21).  ¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Todo hace suponer que Jesús quedó impactado por cuanto fue su etapa nazarena.  cómo era el reloj de Dios para su historia de salvación. El grano de mostaza y la levadura no son imágenes ocurrentes sobre la dinámica del Reino. Jesús tuvo que concluir, así lo vio en el pan. Esa Nazaret está enla manera de actuar Dios. Se asemeja a cómo crece una semilla diminuta y cómo se fermenta el proceso ayuda a aceptar por que no vamos a entender a Dios en todo momento: no podemos poner límites a su providencia. También ayuda a aceptar por qué no nos vamos a entender a nosotros mismos en todo momento: nos hallamos en conversión continua. El mundo está abierto y a él nos abrimos, como la mostaza cuando crece y la levadura cuando fermenta.

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.

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(Lc 6,12-19.) Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles.  Con la elección de los Doce, Jesús establece conEllos una especial pertenencia mutua los acredita comprometiéndolos con el Evangelio y la propagación del Reino, pero ligándolos a Él. Sus «nombres», tan destacados,, reconocidos en los  de la primera comunidad cristiana, están muy lejos de equivaler a dignidades y honores. Los Doce son enviados (apóstoles) para predicar con una vida que sustente su misión. Esa vida ha de reproducir la de Jesús. Cuanto hagan a partir de ahora formará parte de ese mosaico polifacético que son los ministerios que brotan del Evangelio. En suma, ser «apóstoles» es, como Jesús,<  bajar del monte»>, para inmediatamente detenerse, también como Jesús, en <«el llano», donde tantos quieren conocer esa <fuerza», la del Señor, que genera vida y doblega la muerte.

Jesús y Bartimeo 27 de octubre de 2024 30º Domingo Ordinario

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( Mc 10,46-52.) "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.  La ceguera en el antiguo Israel condenaba al aísla miento y la penuria económica. La mala salud era sinónimo de infravaloración moral y religiosa, consecuencia de un pecado pasado, propio o de un familiar. Si estás ciego, en el fondo, lo mereces. Encarcelado en esa mentalidad, Bartimeo no tiene otra solución existencial que ponerse a las veras de los caminos. Tienen hambre de inclusión, no solo de salud. Su ruego a Jesús no es únicamente que lo cure. Bartimeo quiere ver a quien le puede decir que su enfermedad no se puede explicar culpándolo o culpando a otros

Una nueva oportunidad

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(Lc 13,1-9)  Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'. La cita era la consabida de cada año. Por esas fechas.  el señor de la finca volvió a quejarse de la esterilidad de la higuera al ojearla de arriba abajo. Su jornalero le pidió por enésima vez que le dejara otro año prórroga antes de cortarla. Había pensado una manera nueva de dar vigor al árbol; parecía que había funcionado en otros sitios. Entonces el señor repitió su refunfuño, pero cedió finalmente a la propuesta. En realidad, ambos, señor y jornalero, sabían de antemano que se produciría el mismo desenlace. En cierto modo, estaban actuando. La razón era sencilla: nadie tenía que convencerlos de las dimensiones infinitas de la paciencia del Creador para con sus creaturas,  incluso con su pobre higuera estéril.

Dios y el tiempo

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Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? (Lc 12, 54-59)  Dios es Señor del tiempo. No lo despieza y desbarata sino que lo conecta internamente: pasado, presente futuro se dicen entre sí, narrando finalmente la vida ante él. Dios nos hace proceso. Pero, para que seamos proceso, hemos de experimentar crisis. El tiempo hilvana crisis continuadas: momentos de un antes y un después, de un así y un de otra manera. Son disrupciones que nos llevan al futuro, que habita Dios. Él es Señor del tiempo por vivir, quien lo carga de sentido y lo llena de miisión  y comunidad. Por ese motivo, a Dios se le ve delante. Y eso es lo que pide Jesús a cuantos lo escuchan: que disciernan. Que es como decir: que sepan leer en Dios el tiempo que tienen en sus propias manos.. 

(Lc 12,49-53) Jesús dijo a sus discípulos: "Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!*

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Texto duro el q ue hoy escoge la liturgia. Porque es extraño que Jesús insista en que no traerá paz. De entrada, «fuego» y «división» no son asociables al Reino. Jesús parece referirse a la estela de libertad que deja la fe en nosotros. Creer nos lleva a andar desde una libertad que se torna paulatinamente más profunda. Por una parte, nos explicamos por cadenas de decisiones, con las que la gracia ha ido esculpiendo cuanto somos. La libertad de la fe nos da ser. Pero, por otra, optando es como desvelamos querernos con nuestra fe, y nos señalamos ante los demás. La libertad de la fe pone en riesgo nuestro ser. Entonces sí: por ser libres como Jesús,tendremos que quemar y romper las trampas mortales que se le tiendan a la fe, ila que nos quiere precisamente libres! 

¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!

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 Y Jesús nos anima a creer lo que le ocurre al «empleado» de la parábola. La lejanía de su manera de prepararnos para el final que Dios le dé a la historia.  Crecer en una disposición que evite esa deriva sería la mejor en esta historia. Ninguna alegría  profunda debería tener por único fin el yo. Las urgencias de los otros tendrían que ser las nuestras. Y en ese horizonte va nuestro nombre. Tampoco ninguna necesidad nos movilizaría desde ahora. Lo mucho recibido 

¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando

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¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!".  Creemos que tofo es cuestión de puro azar poderoso Los sucesos   han de producirse con muchas coincidencias para que presenciemos eventos espectaculsres. Y envidiamos a quienes nos narran que sí, que se hallaban en el instante justo y en el lugar adecuado cuando pasó lo que merecía la pena... Jesús minimiza el papel de la suerte en todo ello. Para que Dios sea experiencia decisiva en nosotros, no tienen que combinarse factores imprescindibles. La sorpresa exige... preparación. La gracia cuenta con tu disposición continua y predisposición a velar, por lo tanto, encontrarte en un estado permanente de vigilancia no tan solo aleatorio, sino en un estado permanente de atención a ver como lo definitivo sucede. Y por eso, para un espíritu preparado, todo es posibilidad de encuentro